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La irrupción de las ‘apps’ revoluciona la medicina

El mundo sanitario no se podía escapar de la revolución que están causando las nuevas tecnologías. Por un lado, los móviles inteligentes y tabletas incorporan ya chips que miden constantes vitales y aplicaciones que buscan que los ciudadanos tengan una vida más sana. Por el otro, estas mismas tecnologías están llegando a hospitales y consultas y, en general, a todo el sistema sanitario. Entre ambas situaciones, los expertos prevén un gran cambio en los sistemas sanitarios de los países más avanzados, con cada vez más protagonismo de los usuarios y gestión a distancia de muchas enfermedades. Eso sí, el cambio será lento, pues el sistema es gigantesco y se tienen que poner los límites y definir, claramente, qué herramientas son realmente útiles.

A priori, la incorporación no solo de la gestión a distancia, sino de las nuevas tecnologías en el sistema, es muy beneficiosa para las cuentas públicas. De hecho, la Comisión Europea calcula que el conjunto de las administraciones públicas pueden ahorrarse 76.000 millones de euros hasta el 2017 gracias a la irrupción del mHealth (salud móvil).

El primer paso lo están dando los móviles, los mejores aliados para que se extienda la conciencia de la importancia y potencial de la tecnología en este sector. Las principales marcas fabricantes están agregando a sus modelos de gama media y alta sensores capaces de, entre otros, controlar cuántos pasos da el usuario, temperatura ambiente, frecuencia cardiaca y calorías ingeridas.

ANDAR / «Todos lo llevamos en el bolsillo y, como las pulseras que ya se pueden encontrar en el mercado, nos da una información utilísima de si hemos o no andado suficiente en un día», pone como ejemplo Joan Cornet, director del centro de competencia en mHealth de la Mobile World Capital Barcelona.

En el apartado del hardware, ya se pueden adquirir por ejemplo desde glucómetros a tensiómetros que se conectan a los móviles o tabletas y que registran el historial de los usuarios. Pero donde más se está avanzando es en el campo del software (aplicaciones): ya existen casi 100.000 aplicaciones de este sector en las diferentes tiendas de apps, aunque, como pasa siempre, la gran mayoría apenas tiene descargas. Por su volumen y por su futuro, un informe de Theappdate afirma que el mHealth podría generar en España proyectos con un volumen de negocio de 4.000 millones de euros en los próximos años.

Según ese mismo informe, el mHealth está cambiando la salud en varios ámbitos. El primero es el empoderamiento del paciente, es decir, «darle poder para que se convierta en un elemento activo en el tratamiento y seguimiento de su enfermedad». El médico ya no es el único que decide y vela por la salud del ciudadano, sino que este es también responsable de su calidad de vida.

Además, gracias a las apps, se puede lograr una modificación de los hábitos (dejar de fumar, controlar cuándo se hace deporte, etcétera) y cambiar la relación de los pacientes con el proceso, pues se convierten en elementos activos y pueden interactuar y buscar información. Con los móviles también se pueden monitorizar las constantes vitales, llegando incluso a transmitirlas directamente a la ficha sanitaria del ciudadano. Por último, gracias al big data, esos millones de datos (anónimos) pueden convertirse en un material vital para mejorar el propio sistema.

Sin embargo, pese a los beneficios aparentes, existe un gran problema: quién certifica que lo que ofrecen esas apps es seguro y cierto. «Es una cuestión muy complicada, porque la Unión Europea no tiene competencias en este ámbito», señala Cornet. Desde la Mobile World Capital se busca precisamente fomentar el diálogo entre administraciones y empresas para lograr poner orden y buscar la fórmula que resuelva este problema. En EEUU, la Food and Drug Administration (FDA) también está trabajando en cómo regular el sector. «Los médicos acabarán recomendando apps», predice Cornet.

Según los expertos, las apps son el primer paso de un gran cambio en el sistema sanitario, que poco a poco irá incorporando el resto de tecnologías para dar mejor servicio y ser más eficiente. «No dudo de ello», concluye Cornet.

Fuente: El Periódico