+34 93 416 12 20 contacte@opc.cat
14065470090142

‘No es fácil motivar a los jóvenes para que se dediquen a la ciencia”

Entrevista a Amparo Cano

Aunque nació en Cieza (Murcia), Amparo Cano va a cumplir pronto 30 años como investigadora en la Universidad Autónoma de Madrid, donde entró en 1985. A sus numerosos premios, 25 proyectos de investigación o tres patentes acaba de sumar ahora el premio de la Fundación Lilly de Investigación Biomédica 2014 por sus aportaciones en el laboratorio para descubrir marcadores de progresión del cáncer.

.- Las metástasis son la primera causa de muerte por cáncer, ¿qué nos queda por saber para ser capaces de controlarlas?
El reto es bastante importante porque, a menudo, cuando se trata el tumor inicial, incluso cuando se cura con cirugía u otros tratamientos, ya hay células que han escapado y se encuentran alojadas a distancia. Pueden permanecer ahí mucho tiempo afortunadamente para muchos pacientes, pero por motivos que no conocemos muy bien, en un porcentaje de los casos, esas células empiezan a crecer en un momento determinado y se empiezan a generar metástasis incluso muchos años después de eliminar el tumor primario. Ese fenómeno, denominado latencia, es uno de los grandes retos que tenemos en la actualidad, descubrir qué hace que se reactiven esas células.


.- Su laboratorio lo componen 10-12 personas, un número alto para la ciencia española. ¿Cómo les ha afectado la crisis?
Sí, para los estándares de nuestro país sí, desde luego somos un grupo grande. Nuestro presupuesto viene en un 70% de fondos nacionales, y se completa con un proyecto europeo y también del Instituto de Salud Carlos III o la Comunidad de Madrid. Lo hemos notado mucho, sobre todo en los dos últimos años. Hemos tenido que apretarnos mucho el cinturón, porque el retraso en la convocatoria de los últimos proyectos de investigación nos ha obligado a ahorrar dinero para poder sobrevivir seis meses, posponer proyectos, interrumpir experimentos que son muy caros… En definitiva, posponer, reducir y reajustar nuestros objetivos a la realidad.


.- Y eso que han sido capaces de generar tres patentes. ¿En qué consisten?
Se hicieron en relación con un factor que regula la expresión de cadherina E [una molécula implicada en las metástasis]. Pero el problema es que aunque se licenciaron a una compañía, no son unas dianas fáciles para la empresa [por ejemplo, para el desarrollo de nuevos fármacos] y lamentablemente estas patentes no se mantuvieron porque la compañía consideró que no habían dado resultados a corto plazo. Dieron beneficios en un momento, pero no se han traducido en ningún beneficio comercial.


.- ¿Sigue faltando cultura de patentes en España?
Sí, por un lado falta cultura, pero además, hasta hace pocos años había muy poco apoyo al investigador. Hacer una patente es un arte y tiene que haber personal especializado que ayude en ello. Yo he visto la evolución en los últimos 15 años, desde que hicimos nuestra primera patente, y las cosas han mejorado, ahora hay incluso oficinas que apoyan al investigador, pero no es suficiente. Las patentes que son muy básicas necesitan un largo recorrido y, desgraciadamente, si no hay empresas dispuestas a asumir el riesgo, las instituciones tampoco se pueden permitir mantener vivas esas patentes.


.- ¿Y eso supone tirar ese hallazgo a la basura?
Sí, en cierto modo sí. Yo no soy experta en patentes, pero en principio si no se mantiene, si la empresa o las instituciones dejan de interesarse por ellas, eso decae y eso ya no se puede recuperar.


.- ¿Cuál es la relación de la industria con la ciencia básica?
Hasta ahora, por mi experiencia, la industria farmacéutica necesita resultados muy sólidos antes de asumir un riesgo y prefieren hacer los estudios preclínicos fuera, sin implicarse. Pero tengo el ‘feeling’ de que esta cultura está cambiando un poco, y sí hay empresas que empiezan a percibir que es importante acercarse a los investigadores básicos, e incluso beneficiarse ellos mismos de instalaciones que hay en los centros de investigación básica.


.- Usted es profesora en la Universidad Autónoma, ¿cómo se puede convencer a los jóvenes para que se sigan dedicando a la ciencia con lo que está pasando?
Realmente no es una tarea fácil porque evidentemente la situación es muy dura. Hay que intentar transmitir el entusiasmo por la investigación básica, si queremos progresar en el conocimiento es absolutamente necesario seguir dedicándose en cuerpo y alma a esto. Y demostrarles la belleza de esta profesión. Es verdad que es muy dura, que es muy sacrificada, pero cuando encontramos certezas de nuestras hipótesis… eso es algo muy difícil de experimentar en otras profesiones. Claro que esto no es una profesión para enriquecerse, pero sí hay que luchar por tener sueldos dignos, que la vocación no sea la excusa para la precariedad.


.- Lleva 25 años en esto, ¿cómo ve la situación actual con respecto al pasado?
Desde luego estamos mucho mejor que hace 25 años, eso es indudable, pero el problema es que todo el esfuerzo que se ha hecho en el país desde mediados de los años 90 hasta hace cinco o ciete años -cuando empezó la crisis- y que fue un impulso definitivo para la ciencia en este país, este frenazo que vivimos puede hacer que tardemos otros 10-15 años en recuperar esa senda ascendente que teníamos. Hemos invertido más de 10 años en la formación de grandes investigadores, de muy alto nivel, que ahora están fuera y no van a volver. El esfuerzo y la inversión en ciencia no se puede cortar y los políticos deberían tener presente que cualquier disminución puede suponer que tardemos una generación en recuperarnos.


.- En estos 25 años su dedicación se ha centrado sobre todo en las metástasis del cáncer. ¿Qué importancia tienen los tejidos vecinos para que la célula maligna pueda migrar?
Efectivamente, ése es uno de los grandes retos. No podemos fijarnos sólo en la célula tumoral, sino que ese entorno genera toda una serie de señales que van a ayudar a la célula tumoral en su camino. Aunque este fenómeno ocurre ya en el tumor inicial, es incluso mucho más relevante para todo el proceso de metástasis porque para que las células tumorales despierten de su latencia necesitan que el entorno donde están sea favorable.


.- ¿Y qué papel juegan en este tablero de juego las células madre?
Es uno de los componentes que muchos grupos estudian con gran interés, porque ese ‘despertar’ parece que tiene que ver con que las células madre empiecen a crecer. Son los mismos conceptos, pero no son sólo las células madre sino ellas en un entorno apropiado.


.- ¿Y ve factible que algún día podamos detectar esas células tumorales mediante un análisis de sangre?
El problema es que los sistemas de detección actuales permiten localizar un número pequeño de células tumorales circulantes, y realmente no sabemos si son las que van a originar la metástasis. Pero evidentemente éste es un campo con un gran desarrollo tecnológico por delante. Primero, para caracterizar mejor esas células que viajan por el torrente sanguíneo, y en segundo lugar para mejorar los equipos técnicos que permitan su detección. Yo sí creo que esto puede tener un gran beneficio para los pacientes con cáncer, aunque a medio plazo.


.- Uno de sus grandes hallazgos es la cadherina E, ¿nos puede explicar en qué consiste?
Fue la primera molécula con la que empezamos a trabajar. Es esencial para mantener la arquitectura normal de muchos tejidos. Su presencia mantiene a las células unidas e impide que inicien la invasión tumoral, la primera fase de la metástasis. Hace ya años que describimos su importancia y de hecho esta molécula se utiliza en la clínica como marcador de la progresión del tumor en algunos tipos de carcinomas. Y desde un punto de vista muy básico nos hemos interesado en entender por qué se pierde la expresión de esta molécula y se facilita ese proceso de invasión de los tejidos.

Fuente: El Mundo